[Atención: Post largo]
Un pie del 34 queriendo entrar en un zapato del 45
Todo aquél que me conozca un poco sabe esto: tal vez sea precisamente porque tengo problemas para encontrar mi número, pero los zapatos es algo que me vuelve loca. A lo largo de todo este tiempo me he recorrido muchas webs recopilando información sobre algo tan común para mí y totalmente desconocido para muchas personas, y creo que es hora de compartirlo con todo el mundo. Este post va dedicado especialmente a todas aquellas chicas que tienen el mismo problema que yo.
En primer lugar, debo decir que la información podológica es muy escasa y pobre en la red. Si la información sexológica es amplia y detallada (¡cómo no!), los pies es algo de lo que nadie habla… probablemente porque nadie con un pie sano y normal se ha parado nunca a pensar en la importancia de los mismos. Los pies son muy importantes en el cuerpo humano. Olvidamos que la diferencia entre los humanos y los animales es que nosotros somos bípedos, luego, los pies resultan ser una de las características del humano más importante y significativa, y podría equipararse al pulgar prensil.
Partiendo de la base de que mi conocimiento podológico y óseo es nulo debido, ya digo, a la propia falta de información en la red, sólo puedo decir que no sé si es normal tener un tamaño de pie menor o mayor de lo que social y comercialmente se considera un pie de mujer. Si bien es cierto que el crecimiento es algo que depende de muchos factores (entre ellos, el más importante, la propia genética), deduzco que con la cantidad de estudios que se realizan hoy día, se habrá establecido qué es lo más común según la edad, el ámbito geográfico, etc. No obstante, yo ignoro esos datos y no sé si soy o estoy dentro de lo normal.
Así, como no sé si es normal tener el pie pequeño a mi edad y en relación a mi peso y altura, tampoco sé si mi pie se ha visto condicionado por el tipo de calzado que he utilizado toda mi vida en su etapa de crecimiento. No sé si pueden seguir creciendo, ni si puedo hacer algo para que crezcan. Tampoco tengo ni idea de si soy más propensa a tener problemas de espalda por tener los pies pequeños. En lo que respecta a esto, tengo muchas dudas que espero llegar a resolver.
De lo que sí puedo hablar es del aspecto comercial. Hasta hace unos años, en España se comercializaba el calzado de mujer desde el número 35 hasta el 40. Posteriormente España se equiparó al sistema europeo, lo que se estipuló mediante la norma UNE de 59850 del año 1998 de la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR). Comúnmente se conoce este paso como aquello de que “un 35 pasa a ser un 36″, de ahí que se fabrique hasta el 41 en mujer. Sin embargo, esto no es cierto. La diferencia entre los diversos sistemas de medición del calzado viene dada en primer lugar por si se mide según el sistema métrico o no, y en segundo lugar, en función de si vamos medio centímetro en medio centímetro o no.
En el calzado, y más en el de mujer, es muy importante la diferencia de un par de milímetros, porque pueden suponer el uso de un número u otro. En España, antes del cambio, se estipulaban los números de medio centímetro en medio centímetro. Así, una chica cuyo pie medía 22cm calzaba un 35, si medía 22,5 calzaba un 35′5, si medía 23, calzaba un 36, etc, etc. El sistema europeo se caracteriza por asignar un número cada 6,66mm y no cada 5mm. Debido a ello, todos los números parecieron “subir” de pronto: 22cm significaba calzar un 35′5, 22,5 significaba calzar un 36 y 23 significaba calzar un 36′5. No obstante, sigue habiendo muchos zapatos que o “se me caen” o “me quedan apretados”, y es que cada fabricante tiene un tallaje personal. La diferencia es pequeña pero importante, y más en tacones.
El hecho de la “desaparición” del 35 ha hecho que, a la larga, este número se considere dentro del calzado para niñas. Si el calzado de adulto es difícil precisamente por las diferencias de países y de mediciones y sistemas que existen, tratad de imaginar el de niños, que depende ya no sólo del país sino también del fabricante. Actualmente los números considerados de mujer van del 36 al 41 (en algunos casos, 42).
Lo creáis o no, resulta mucho más fácil encontrar calzado para mujer de números grandes (del 41 al 45, por ejemplo) que de números pequeños (desde el 31 hasta el 35). La razón es sencillamente que, por genética, la gente cada vez es más mayor, más alta y más grande. Y por ende, sus pies son iguales. Las empresas que se dedican a hacer calzado de estos números se denominan a sí mismas de “tallas especiales”, lo cual, personalmente, me hace sentir aún más como un bicho raro. Los zapatos que ofrecen suelen ser atemporales o directamente para personas de una cierta edad. No es posible seguir la moda teniendo el pie pequeño a menos que seas rico y puedas pagar una media de 150€ por cada par.
En España existen diversas zapaterías en todas las ciudades que no tienen ni página web y que es imposible encontrar a menos que te digan que están ahí. Sólo tres o cuatro empresas tienen página web, y sus precios no bajan de 60€ cada par. Resulta un tanto disparatado teniendo en cuenta que el coste de fabricación de unos zapatos del 33 es el mismo que el de unos zapatos del 37; puede incluso que por uso de material, sea más rentable. Al precio del zapato hay que sumarle además los gastos de envío.
En cuanto a páginas extranjeras, las más baratas son las estadounidenses y las más caras las inglesas. Sin embargo, ni los unos ni los otros venden fuera de sus respectivos países. Las páginas de “rango medio” tienen muy poca variedad y normalmente es un caos averiguar con qué talla corresponde tu pie; además de los gastos de envío. En resumidas cuentas, la situación es un caos y desmoraliza un montón.
Mi pie mide 215mm, lo que equivaldría a un 34,5 español y a un 35 europeo. Según lo que sé, calzo un 2 según el sistema inglés, un 4′5 según el americano y un 21 según el japonés. En cualquier tienda española (multinacionales, sobre todo) calzo usualmente un 34, ya que, al poder comprarme sólo zapatos para niña, las medidas son ligeramente más pequeñas que en mujer. Curiosamente, en Asia resulta mucho más fácil encontrar números pequeños que grandes, y es que allí todavía muchas empresas comercializan desde el 34 hasta el 39. Muchas otras, en cambio, se dejan llevar por la oleada occidental y se equiparan al resto de empresas internacionales.
Ahora, con todo esto lo que yo me pregunto es: calzando tan sólo un centímetro menos de lo normal, ¿por qué me siento como si hubiera que tratarme de manera diferente al resto? al fin y al cabo, sólo es un centímetro, ¿no?