I Encuentro de ex-alumnos de Publicidad y RRPP de la UA

cartelcharlafinal2baja

Hoy fui al I Encuentro de ex-alumnos de Publicidad y RRPP de mi universidad. El programa en sí se llamaba “Lo que no aprendimos en la UA“, ha durado cerca de dos horitas, y todos los ponentes nos han hablado de sus experiencias al salir de la universidad, de cómo se fueron ganando poco a poco un huequecito en el mundo laboral y, además, algunos de ellos nos han dado ciertos consejos a la hora de cómo formarnos.

Todos los ponentes fueron geniales, pero me gustaron especialmente las intervenciones de Ana Rocamora y Zeky Gómez, y desde aquí les doy la enhorabuena por la charla: interesante, clara y breve. Très bien!

Perlitas (I)

Por ti, voy a cruzar el estrecho, atravesar los desiertos y todo lo que me separa de ti. Por ti, voy a buscarme otra vida. Porque de la que tenía solo quedan cenizas y no hay porvenir. Y si todo esto no es suficiente, seguro en la calle habrá gente que lo entiende, que lo siente.

Ver que ya no piensas en mí, que ya no crees en la gente, que tomas pastillas rosas y te has vuelto nihilista y sueñas con no soñar. […] Y quiero que vengas conmigo a cualquier otra parte. […] Ver que no sabes decir que no. […] Y tengo dos mil razones para olvidarme de todo y no pensar más que en tu voz.

Si diez años después te vuelvo a encontrar en cualquier lugar, no te olvides que soy distinto de aquél pero casi igual. […] Estamos en la tierra cuatro días, y el cielo no me ofrece garantías. […] Dentro del corazón al día de hoy no queda lugar, si perdí la razón no fue por amor, fue por soledad. La vida es una gran sala de espera, la otra es una caja de madera. Diez años después mejor dormir que soñar.

Estoy cansado de esperar, pero igual, igual no tengo adónde ir. Ayer la tormenta casi me rompe el corazón, pero igual te quiero. En algún lugar… el tiempo y la distancia ya no existen para mí. […] Me dice la gente que deje de pensar así, pero igual te espero. En algún lugar te espero.

Cuando te conocí me dijiste que por mí no ibas a cambiar. Ibas a seguir siendo igual. Y en el fondo es tan hondo mi dolor, ¿por qué me voy y no se puede cambiar de corazón como de sombrero sin haber sufrido primero?

Dijo que era mala, que no arriesgue ese momento junto a ella. Era lo mejor olvidar todo como si nada hubiera sido. Ella dijo “que te vaya bien”, y le dije “buena suerte y hasta luego”, y nunca más la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.

Cuando todo esto se acabe, cuando no haya vuelta atrás, empezaré a arrepentirme, según es habitual. Cuando al final se termine -y sé que terminará-,tal vez podamos mirarnos sin llegarnos a odiar. Ahora que ya no es posible, lo volveré a intentar. Tropezaré en mí misma, como me suele pasar. Pasado el tiempo me olvidarás, que no os dé rabia, siempre ocurre igual. […] Cuando al final se despeje, cuando nos deje pensar, quizá podamos incluso hablar sin dificultad.

Yo no intentaré saber qué está pasando, solo trataré de hacerte ver que este dolor se irá cuando te duermas. Duerme, que yo haré que sueñes bien, mi amor.

Cuando te hablen de mí, tú dirás que no fue para tanto, que ahora es mucho mejor, que hace tiempo que me has olvidado. Sabes muy bien que no, sé que sigues leyendo mi cartas. Nadie te ha vuelto a escribir, a tu buzón solo llega propaganda de restaurantes chinos y algún recibo.

Te quiero tanto, te adoro y mi llanto no me deja mirarte a la cara. Lo he pensado tantas veces, y aunque tú no me quieras, no lo haré, no, no me dejaré vencer. […] Estoy locamente enamorado, mi enfermedad dura ya muchos años. […] Te odio y siento que he perdido tanto tiempo, y ahora tiemblo, estoy enfermo.

Tengo que decirte que mi vida es muy triste, que va a ser como imposible que me olvide de que existes. Tengo que decirte que el día en que te fuiste se encendieron las farolas que alumbraban el camino para que pudieras volver. Tengo que decirte que a luz de la candela intento arañar la niebla que no deja que te vea. Deja que te espere a la puerta de tu casa, un minuto me hace fata, luego me voy para siempre. Solo quiero decirte adiós. Por si acaso, que sepas que aquí siempre tienes un sitio. Y aunque no te lo creas, sin ti nada será lo mismo.

Hace tiempo alguien me dijo cuál era el mejor remedio cuando sin motivo alguno se te iba el mundo al cielo. Y si quieres yo te explico en qué consiste el misterio: que no hay cielo, mar, ni tierra, que la vida es un sueño.

Como una herida en el corazón que no me duele, me gusta cómo eres.

Ya no puedo más, estoy cansado de sobreactuar. Cuando estoy a tu lado, resulta difícil no llorar. Tonto corazón descuartizado, palpita de emoción y sin embargo resulta tan triste su dolor. […] El sol no brillará ya nunca más, te echo de menos. ¿Cómo pudiera hacerte ver que eres mi mar? mi corazón es diferente a los demás. Y hoy bailas y sonríes sin parar, ¿cómo te atreves? Después de todo lo que me has hecho pasar, deberías irte para no volver jamás. […]

Ya lo ves, después de todas tus promesas el amor ¿adónde fue? ¿dónde lo perdiste, quién se quedó con él? Si no vas a volver ya, no me intentes abrazar. Si esperas algo, si me quieres ver llorar… déjalo, vete ya, pues no quiero verte más. Si tu amor ya me da igual… Algún día entenderás que lo di todo por ti. Toda mi ilusión, todo mi querer, mis secretos se van con tu tren. Te vas con lo mejor de mí a por otro amor que te haga feliz, pues el nuestro acaba, c’est fini.

Creo que la vida me odiará por no haber sabido imaginar. Me hago viejo y no lo quiero, nadie quiere hacerse viejo ya. ¡Cuántas noches en ningún lugar, cuántas horas sin poder hablar! Alguien destrozó mi ego y ahora muero, no lo quiero. Si vuelves, me llamas, quizás nos podríamos volver a ver… Si quieres, si prefieres, seremos amigos por última vez. Luego me iré lejos, dejando que el mundo me deje morir.

De cuando suspendes el práctico y te sorprenden con un regalito

Si hace algunos días comentaba lo absurdo que resultaba todo cuando las cosas van mal, hoy debo de hacer un paréntesis y mostraros que, a pesar de todo mi mal genio y mi pesimismo, a veces también sonrío.

Cupcake

Hace unas semanas suspendí por tercera vez el examen práctico del coche. No me detendré en explicar qué es lo que pasó, porque acabaría antes contando lo que no me pasó. Al día siguiente, Tere, una compañera de clase, vino con este cupcake para mí. Y es que lo mejor que se puede hacer en esos casos es irte de cañas, salir de fiesta, hacer una locura o darte un capricho, y después pensar que la próxima vez seguro que irá mejor.

Sensible

Hoy me he levantado especialmente sensible.

Llevo unos días que me cuesta mucho conciliar el sueño. Duermo unas cuatro horas diarias (puede que incluso menos) y apenas como; no por nada en concreto, sino porque normalmente llego tan cansada de clase que si no está preparada la comida, no me pongo a cocinar. Incluso cuando como, como poco. No tengo mucho apetito y me sacio pronto, y luego a las dos horas vuelvo a tener gusa.

Llevo unos días llorando y con una angustia en el estómago. No sé muy bien qué me pasa, pero me pasa algo. Siento como si, de pronto, al despertar, hubiera empezado a ver el mundo de manera diferente. La soledad, la indiferencia, esa sensación de que nadie me comprende, el miedo y, ante todo, el dolor; es como si todo se hubiera hecho tangible de la noche a la mañana.

No consigo apartar de mi cabeza todos esos pensamientos negativos. Sobre qué tengo, qué no tengo, sobre qué quiero, quién soy, qué hago con mi vida, qué debo esperar de ella y por qué he llegado a ser como soy. Tiendo a infravalorarme, a pedir disculpas aunque no haya motivo.

Aparentemente no tengo nada de lo que quejarme. Quizás esto reafirme la opinión de que no soy más que una mañaca que no valora lo que tiene y que quiere ser el centro de atención. Seguramente es lo que mucha gente piensa; para variar, no me importa. Aparentemente todo me va bien. Sin embargo, siento como un vacío dentro de mí. Como si algo estuviese absorbiéndome desde dentro. Minando mi alegría, mi poco optimismo, mi ilusión por las cosas.

No es que no sepa lo afortunada que soy (que lo sé), es sencillamente que creo que mi vida está yendo por unos extraños derroteros. Digo que quiero cambiar, y cambio, pero luego vuelvo a ser la de antes. Digo que no estoy conforme con algunas cosas, pero luego sigo haciéndolas. Digo que soy infeliz, pero la causante de mi propia infelicidad soy yo misma. Siento como si no pudiese escapar de todo esto porque, en el fondo, estoy viviendo como yo misma creo que se supone que debo vivir.

No es que no me guste lo que hago, es sencillamente que creo que podría ser más feliz de otra manera. Lejos de aquí, despertando cada mañana junto a alguien que me hiciera sentir que la vida merece la pena. Supongo que de esta manera no me haría falta rellenar mi tiempo con mis actuales y estresantes estudios. Echando la vista atrás, supongo que, después de todo, no tomé una decisión muy acertada. Pensando que sería mejor la razón que el corazón, me dejé guiar por lo que creía que se esperaba que yo hiciera.

Me equivoqué.
No se puede volver atrás en el tiempo, arreglar las cosas y recuperar el tiempo perdido. Ahora no tiene remedio. Y me encuentro vacía, hueca, algo muerta por dentro. Siento que puedo percibir la realidad, pero no participar en ella. Siento que puedo rodearme de gente feliz sin conseguir serlo. Que puedo reír sin encontrar nada gracioso, que puedo asustarme sin sentir miedo, que puedo enfadarme sin sentir rabia. Siento que puedo vivir sin estar viviendo. Y si vives así, ¿para qué seguir viviendo?

Helada

Me gustaría creer que no es verdad. Que lo que pasó no influyó en nada. Y que, en realidad, solo se trata de algo temporal.

De un tiempo a esta parte, me he dado cuenta de que cada vez soy menos amable, menos empática, menos cálida, menos humana. Hago cosas como un robot, y empleo la lógica mucho más de lo que debería. Tiendo a no fiarme de nada, a desconfiar de todo el mundo y esperar que me metan la puñalada trapera. Además nunca he sido una persona con mucha autoestima, por lo que ahora entiendo mucho menos por qué nadie va a querer acercarse a mí, preocuparse, compartir su tiempo conmigo.

Cada vez hago las cosas menos por mí y más por el resto. Intento no dejarme llevar por mis sentimientos sobre lo que “me sienta bien” o “me sienta mal”; sobre lo que “me hace daño” y sobre lo que “quiero”. Siento que yo soy la última persona que en realidad importa y lo cierto es que encuentro casi más satisfacción en hacer lo que el resto quiere (aunque yo no quiera) que en dejarme llevar por mí misma. No sé si suena triste, patético, victimista o no. La verdad es que, para variar, me da igual.

Todo esto sería ideal si, dentro de mi ataráxica percepción del universo, además me hubiera desprendido del último resquicio que identifico como totalmente humano. Y es que, pese a que todo me da igual, pese a que prefiero estar sola antes de acompañada por gente que siente lástima y compasión de mí, y pese a que sé con seguridad que soy un cubito de hielo, no consigo evitar sentirme mal. Porque me gustaría no ser así, porque desearía poder ser más amable y menos pesimista, caerle bien a la gente, no pensar tanto, no creer que no merezco la pena, quererme un poquito y, por supuesto, encontrar a alguien que me quiera.

En el fondo creo que la razón está ahí. No confío en la gente porque lo hice una vez y sufrí demasiado. No quiero que la gente sienta pena de mí y de mi forma de ser porque es a mí a la primera a la que le da lástima no poder pensar de otra manera. Me gustaría tanto, tantísimo, poder volver a tener esa ilusión, ese nerviosismo, esa sana dependencia de alguien y, por qué no decirlo, esa inocencia…

Llamadme inmadura, decid que no sé lo que me espera, que veo cosas donde no las hay y que todo el problema está en mi cabeza. Aunque lo interesante sería que alguien me dijera algo que no supiera ya.

Hoy he tenido una extraña conversación con una extraña persona. Me han dicho que tengo un problema, que mi forma de entender la vida es muy triste y que me recomiendan cambiarla. Me han dicho que así no se puede vivir, que no soy una persona fuerte y que, en realidad, dependo mucho de la gente aunque reniegue de todo. Me han dicho que solo rechazo a la gente que se preocupa por mí porque en el fondo tengo miedo de bajar la guardia y creer -de verdad- que les importo. Dicen, además, que no valoro nada lo que tengo, y que soy demasiado exigente con todo el mundo. Me han dicho eso y no he podido contestar, porque sé que llevaban razón.

Me he sentido mal, muy mal. De darme cuenta de cuán miserable resulta mi perspectiva, de la manera tan ruin que tengo de vivir mi vida. Me he dado cuenta (una vez más) de lo lejos que estoy de poder sentirme bien. Sin embargo, no he podido llorar. Yo, que solía ser todo lágrima, no he podido ni siquiera sentir el nudo en la garganta. Sentía tanto dolor dentro de mí que me ha resultado imposible l lamentarme y llorar.

Me gustaría mucho encontrar una manera (a parte de la que ya se me ocurre, pero que es imposible) de parar esta bola de nieve. Se admiten sugerencias. Ir al psicólogo no vale (que es demasiado caro…)

Refutando a Susan Vaughan

Me encuentro en una encrucijada.

Por una parte, creo que todos tenemos problemas. Que la vida no es de color de rosa, ni te lo dan todo regalado. Que, además, nuestro tiempo es muy corto, y que no merece la pena vivir angustiado, triste, pensando que el mundo entero se ha confabulado contra nosotros. Pienso que a veces la vida no es algo bonito, pero que pese a todo lo malo que pueda sucedernos, de algún modo las cosas buenas que nos puedan pasar contrarrestan todo lo demás hasta dejarlo en un segundo plano. Creo que es ridículo pensar que existe la buena y la mala suerte (y que yo tengo más de ésta última), porque, en el fondo, cada uno -y perdón por el refrán- recoge lo que siembra.

Por otra, sucede que hay veces que encuentro cosas inexplicables. Que uno no recibe lo que debería -tanto para bien como para mal- y que, por desgraciado que suene, pasan cosas malas sencillamente porque sí.

Creo que soy una persona que se toma en serio lo que hace. Aquello en lo que encuentro un interés especial despierta en mí un sentimiento de proactividad, lo cual me lleva a sentirme satisfecha y orgullosa de mí misma muchas veces. Sin embargo, todo lo coherente, lógica, consecuente, racional, trabajadora y proactiva que soy en este ámbito difiere totalmente de cómo soy en el ámbito personal.

Últimamente me da por pensar mucho. Han pasado varias cosas en estos días que me han dejado muy mal sabor de boca; curiosamente, todas tienen que ver justo con lo que peor se me da: tratar con la gente. Gente con la que inintencionadamente me porto mal, gente que me hace sentir mal, gente que me trae disgustos, con la que discuto, gente con la que (lo sé) soy grosera (y luego me arrepiento pero ya no sirve de nada).

Pero, por mucho que no me guste hacerle caso a mi parte pesimista, al final voy a terminar por cambiar mi forma de pensar y concebir el mundo. Tenderé a refutar a Susan Vaughan, que decía que el optimismo está al alcance de todos, que se trata de un proceso y no de un estado, y que estamos “programados” biológicamente para ser optimistas. Sin embargo le doy totalmente la razón cuando afirma que la base del optimismo son las ilusiones. Pues puede que tal vez sea ése mi problema.

Toma dos

Ésta es la segunda vez que lo vivo, y sé que no debería de tomar esta actitud (porque es algo negativo, y me convendría verlo desde el lado más optimista posibile), pero he de decirlo: no me gusta nada el cambio de cuatrimestre. Cuando todo va bien y te has acostumbrado a los profesores y asignaturas, de pronto te cambia todo. Es como un segundo principio de curso, con su consecuente cambio de clases, profesores, horario y hasta compañeros; es una auténtica lata. Últimamente he estado muy ocupada a pesar de que sea principio de curso cuatrimestre. He empezado a prepararme los créditos de libre configuración y estoy ya metida de lleno en uno de los cursillos. Lo cierto es que esto es un suplicio.

El problema, para mí, no es que no pueda organizarme el tiempo. De hecho, bien organizado, me da tiempo de hacer de todo y sin agobios. El problema viene cuando, además de todo lo de clase, y de los “actos sociales” (de los cuales hablaré en otra ocasión, pues casi forman parte de la carrera si quieres sobrevivir), tengo todo lo de casa. Ir a por el pan, pensar en las comidas de la semana, hacer la lista de la compra, fregar, tener todo más o menos recogido, limpiar, etc.

No me importaría, tampoco, ir agobiada con mis cosas y con las de la casa. Lo que sí que me importa -y bastante- es que me “regañen” por no tener las cosas hechas. Intento atribuirlo al cansancio y al estrés de los demás, pero (y lo siento por esto) no deja de joderme menos. De hecho, puede que incluso más, porque dada mi condición de estudiante, tienden a relegar mis estudios a un segundo plano, a menospreciarlo (y disculpadme la palabra) porque, a fin de cuentas, no es un trabajo. La verdad es que intento pasar del tema, porque considero que no hay motivo para enfadarse por esas cosas. Pero que escuece… ya lo creo que escuece.

Cerrado por vacaciones

Después de los exámenes, y de no haber tenido prácticamente vacaciones de Navidad, he decidido que me merecía desconectar unos días. Por eso me voy mañana a Madrid, y vuelvo el domingo por la tarde. Espero volver con alguna que otra cosa que contaros, y con alguna que otra foto que enseñaros.

Gone baptizin'
Los Simpson, episodio #3F01

La verdad

Normalmente suelo mentir sobre cuánto tiempo dedico a estudiar. Suelo decir que estudio poco, o casi nada, y no es cierto. Bueno, aquí tenéis toda la verdad sobre mis vacaciones de Navidad de este año:


DSCF0078

DSCF0080

DSCF0045

DSCF0054

DSCF0059

DSCF0060

DSCF0068

DSCF0075

DSCF0125


Y lo que me queda…

Ns/Nc

Hace unos pocos días, una de mis mejores amigas rompió con su novio. Bueno, en realidad fue él quien la dejó. Cuando vino a mí en busca de consuelo y apoyo, de pronto me di cuenta de que no soy una persona nada adecuada para esas cosas. Probablemente si necesitas ayuda de cualquier otro tipo, yo soy la persona idónea. Sin embargo, para esto, reconozco que yo soy un caso perdido.

Ella llevaba cinco años con su novio (desde los quince hasta los veinte), y me decía que sentía que no era nadie sin él al lado. ¿Qué podía decirle para no hacerla sentir mal? La verdad, no pude decirle nada. Me quedé callada y solo pude poner una cara entre lástima y apoyo que más bien quería decir: No te preocupes, te comprendo, puedes abrazarme si lo necesitas.

Mientras la escuchaba llorar a lágrima tendida me di cuenta de que debo de estar hecha de piedra, o estar muerta por dentro. Sentía dolor; me dolía verla sufrir, y en cierto modo me sentía identificada con su situación. Me sentí absurda, como muchas otra veces, porque no sabía qué decirle y qué hacer, como muchas otras veces. Sentía dolor pero en cambio no me sobrecogí como otras veces me pasa con cosas más tontas.

Ellos eran una pareja de ésas que ya no te imaginas por separado. De ésos que llevan juntos prácticamente desde que recuerdas. Ella me decía que con él había vivido muchas cosas, y que no podía entender cómo todo lo que tenían se había acabado así. Estuvimos un rato juntas, fuera de casa y distrayéndonos, y de pronto me preguntó algo que no pude responder. Me comentó si yo creía que sería capaz de volver a enamorarse de alguien como lo hizo de su -ahora- exnovio.

Me quedé de piedra, porque es algo de lo que yo tampoco tengo respuesta todavía. Naturalmente, eludí el tema. Me fui por la tangente diciendo que no tenía que pensar en eso ahora, que él había sido muy importante para ella durante todo este tiempo y que es normal que no pudiera pensar en otros chicos “de esa manera”. Supongo que se quedó satisfecha porque me sonrió tristemente y me dio un abrazo. Y cuando me lo dio, mi alma respiró aliviadamente tras la tesitura en la que me había puesto.

Sinceramente, creo que hay cosas que yo todavía no sé. Y cuanto más tiempo pasa, y cuantas más experiencias tengo a la espalda; cuanta más gente conozco, cuanto más hago, cuanto más vivo, más difícil me resulta volver a sentirme con los pies en la tierra. Todos sabemos que la gente va y viene, y que todo cambia, pero nadie nos dice que las emociones también cambian con el paso del tiempo. Que lo que antes era divertido, de pronto va pareciéndote cada vez más una gilipollez. Que lo que antes era optimismo, ahora es indiferencia. Que si antes te enfadabas y gritabas perdiendo los papeles, cada vez vas aprendiendo más a controlarte. Y, bueno, en cuanto a lo que nos atañe, lo digo desde ya: si la gente depende de mis consejos en el plano amoroso, van listos...