Resulta curioso la contradicción que surge sobre cuán infravalorada está la publicidad y lo importante que, en cambio, resulta. Este hecho es indiscutiblemente más obvio cuando a objetos cotidianos se refiere; véase la propia comida. El ejemplo lo encuentro el otro día, cuando compramos unas barritas de cereales con chocolate, de Nestlé (Nestlé Fitness).
Como (creo) es natural, dudamos entre comprar las “originales” o las de marca blanca, pero al ver que -¡menuda contradicción!-, las de Nestlé eran como 0,15€ más baratas, nos decidimos por éstas. Al salir del Alcampo y de camino hacia el coche, me decidí a abrir la caja con la susodichas barritas. Cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta del abrefácil que tenía.
Cuando lo normal hubiera sido que tuviesen una pequeña cinta del propio cartón en la parte superior de la caja, de la cual tirar para poder abrirla, ésta era diferente: en la parte superior sí tenía una pequeña pestaña de cartón para tirar de ella, pero ésta se encontraba en el medio y en lugar de abrirse de manera horizontal, se abría en forma de uve invertida hasta llegar a la parte delantera de la caja, donde, ya de manera vertical, la caja se abría perfectamente sin problema dejando ver el contenido organizado.

Y es aquí donde se hace patente lo efímero que es el trabajo del publicista. El packaging es un arte muy poco valorado por la gente que no se dedica a ello, digamos la “gente de a pie”. Probablemente nadie se ha parado a pensar en que alguien ha debido de idear esa caja de tal manera que sea fácil de abrir, cómoda para el cliente y por supuesto, de algún modo, estéticamente bella. De hecho, el packaging no sólo es un arte poco valorado, sino también muchas veces menospreciado.
Pero bueno, yo no soy así, creo que lo sabéis. Ya he comentado muchas veces sobre lo doloroso, triste y patético que es el hecho de que hoy día muchísima gente siga creyéndose que ser publicista o hacer publicidad es algo que puede hacer cualquiera. Sabéis que no me callo a la hora de criticar cosas que han sido hechas con el ojete (lo digo tal cual, sí), por eso hoy quiero alabar lo que ha sido hecho con precisión, con estudio previo y con gusto. Las cosas bien hechas son las cosas bien hechas, y esto es así. El packaging de Nestlé es la leche, he dicho.
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