Si te he visto…

Nunca creí que diría esto, pero hoy he tenido un momento familiar y tenso al mismo tiempo. Me he encontrado en el bus con una amiga ex-compañera de clase del instituto. Antes ella estaba mucho más en “el grupo”, pero desde que empezó la universidad ha ido por su cuenta. Casi nadie sabe nada de ella cuando quedamos (y siempre la avisamos, aunque nos rechace todos los planes), y tampoco parece muy interesada en que nosotros sepamos de ella.

Estuvimos hablando durante el trayecto a clase y luego ella me acompañó todo el camino porque entraba una hora más tarde que yo. Mientras esperaba al profesor, empezaron a llegar compañeros de clase. Entre ellos, aparecieron mis amigas, con las que me junto en clase. Nada más verme, una de ellas me dio un abrazo y me preguntó que qué tal estaba por el suspenso de ayer. Todas formaron corrito a mi alrededor y me pidieron detalles del examen. Me di cuenta de que mi ex-compañera de instituto, que estaba por ahí rondando, de pronto había desaparecido.

Resulta que acababa de llegar Marta, otra chica que va a mi clase y que conoció a mi ex-compañera en las clases de Japonés a las que asisten cada martes y jueves. Las vi hablando animadamente, con ella y con otras chicas que también van a mi clase y con las que yo habré intercambiado las palabras justas (“¿Qué toca ahora?”, “¿En qué aula es?”, “¿Ha venido el profesor?”,etc). Finalmente el profesor no apareció porque estaba en el País Vasco dando unas conferencias, y por tanto las clases de toda la semana se habían suspendido.

Cerca de la una del mediodía, mis amigas y yo nos acercamos al despacho de nuestro profesor de Diseño gráfico I para entregarle un cartel que había que darle hoy. Estuvimos esperando por él tanto tiempo que nos empezamos a plantear entregarle el cartel a la otra profesora de la asignatura, y que ella se lo diese a nuestro profesor. Cuando fuimos a buscar el despacho de la mujer, vimos una larga cola de alumnos que iban a lo mismo. Entre toda la multitud reconocí a una persona: mi ex-compañera de instituto,que había ido a acompañar a Marta y las demás chicas de mi clase.

Me resultó un tanto extraña la situación. No por nada, sino porque hacía más de tres semanas que no sabía nada de ella. No cogía el móvil, no quedaba con nosotros, nadie la veía en el bus… sin embargo, escuchábamos cosas como que se había ido con Marta al centro para comprar mangas, que se había ido al cine con Marta y sus amigas, que se quedaba a comer con Marta en la uni y (esto es lo mejor de todo), que se va este sábado 21 al Salón del Manga de Murcia, con Marta, otra amiga suya y Jose (otro ex-compañero de instituto desaparecido).

Esto no debe sonar a celos, porque francamente ya me da igual lo que ella haga o deje de hacer, pero no deja de resultar curioso cómo alguien puede irse separando poco a poco de sus amigos de siempre. Supongo que en el fondo todos cambiamos tarde o temprano, y que estas cosas pasan. Cuando mi ex-compañera me vio en la puerta del despacho de la profesora de Diseño Gráfico, me miró pero no se acercó a saludarme. Se giró y se puso a hablar con sus amigas. Fue la representación literal de aquello de que “si te he visto, no me acuerdo”.

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