[Atención: éste también es un post largo... No sé qué me pasa]
Este año es decisivo, muy importante para mucha gente; entre ellas, yo incluida. Los que somos de la generación del 90, aquélla de los Bollycaos, los tazos, los gogos, los Pokémon y de la que tanto se quejaron en su momento, empezamos a cumplir 20 años. Particularmente, saben que aún me queda casi un año entero para cumplir tal edad (porque yo prácticamente soy del 91, al cumplir a finales de año). Sin embargo, la mayoría de mis amigos son de los primeros meses (enero, febrero y marzo, sobre todo).
Con esta edad, hay quien ha preferido no celebrar su cumpleaños de fiesta sino en un karaoke. Hay quien, deprimido por llegar a la veintena, se ha puesto a hacer recuento de lo que tienen en su haber (naturalmente, muy poco). Uno empieza a pensar en las parejas, en aquello de no quedarse solo. Los que tienen novio, se sienten atados y piensan que hasta dónde va a llegar su relación. ¿Si cortamos, no será ya muy tarde para que yo encuentre a otra persona? Los que no tienen, se martirizan pensando en que son los únicos solterones del grupo, y que nunca van a encontrar el amor verdadero. Los que ni tenemos pareja ni dejamos de tenerla, vivimos en una continua incertidumbre sobre adónde nos va a llevar lo que tenemos, y sentimos miedo de colgarnos por alguien que puede que solo se esté divirtiendo. Las cosas empiezan a preocuparnos más de lo habitual.
Con 20 años uno se siente igual de crío que con 15, pero con más sentido de culpabilidad. Cuando estás en el instituto piensas que cuando llegues a la mayoría de edad serás un adulto, y, si no lo eres entonces, con “veintitantos” seguro que sí. Lo cierto es que no me sorprende ya recibir noticias (bueno, ¿para qué engañarnos? cotilleos) sobre ex-compañeras de colegio o instituto que ya son madres. Poco queda ya para enterarme de que alguien se ha ido a vivir con alguien, o de que otros se van a casar. ¿La primera boda de amigos? siento que está cerca.
A esta edad uno empieza a vivir una segunda adolescencia. Quieres seguir comportándote como lo hacías antes, pero cada vez empiezas a tener menos ganas y, para colmo, tienes más responsabilidades cada día que pasa. Han pasado cinco, seis o siete años (tal vez más) y sigues sin encontrar tu hueco en el mundo. Sigues siendo el mismo, pero ahora tienes responsabilidades. Te toca tomar decisiones importantes sobre qué estudiar (o qué seguir estudiando), sobre empezar a trabajar, sobre viajar o no hacerlo, sobre formarte más o menos, sobre relacionarte con la gente.
Piensas mucho en unas cosas y luego haces tonterías sin pensar, vives un poco sin controlar del todo tus impulsos. Un día eres la persona más madura del mundo, y reflexionas sobre lo que te ha aportado la vida y sobre a lo que te gustaría aspirar, y al día siguiente puedes estar de borrachera y acabar durmiendo en la playa, sin saber cómo has llegado ahí ni en qué momento perdiste la cartera. No somos adultos, no sabemos serlo, y es que en realidad no queremos serlo.
Siempre me quejo de que parezco muy pequeña. El otro día fui a mi instituto a recoger el diploma del graduado en bachillerato, y en media hora que estuve por los pasillos me confundieron con una alumna cuatro veces. “¿No tienes clase?”, decían, y yo tenía que explicar que hacía dos años que ya no era alumna de ese instituto. Me suelo quejar, como digo, de que tengo estatura, cuerpo y cara de niña. Sin duda es algo que me repatea, y siempre digo que me muero por cumplir unos cuantos años más. Sin embargo, he de admitir que, como a todos, a mí también me da miedo.
Tengo miedo de no darme cuenta de que el tiempo se me va de las manos. De no saber controlar mi vida y verme de pronto fuera de casa, con un trabajo más o menos estable, con una pareja (o no) y aburrida de todo. No me gustaría sentir que me estoy perdiendo algo. No pretendo tener una vida plagada de aventuras y anécdotas a la espalda, pero tampoco querría llevar una vida previsible y acabar preocupada por el precio de los libros del colegio de los niños. Me asusta creer que, si hay algo que pueda hacer, va a ser durante los diez años (más o menos) que me esperan cuando cumpla los 20.
Soy una persona con tendencia al fatalismo, y sabéis bien lo mucho que le doy la vuelta a las cosas, así que no me hagáis mucho caso pero… ¿esto empeora con la edad?
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COMENTARIOS / 4 COMENTARIOS
miner habló el 12 Ene 10 a las 19:56que ganas de que escribieras.. has tardado pero al fin lo has echo! jajaja..
siento decirte que con los años es peor.. yo tengo 25 y con los años es todo aún peor, a los 25 ya debes tener pareja estable, planes de futura con el/ella, trabajo mas o menos estable, una vida estable, estar independizada..
demasiadas cosas.. lo mejor es vivir el presente y no agobiarte todo llegara..
muchos besos!!!
Cristina habló el 12 Ene 10 a las 20:28“Piensas mucho en unas cosas y luego haces tonterías sin pensar, vives un poco sin controlar del todo tus impulsos. Un día eres la persona más madura del mundo, y reflexionas sobre lo que te ha aportado la vida y sobre a lo que te gustaría aspirar, y al día siguiente puedes estar de borrachera y acabar durmiendo en la playa, sin saber cómo has llegado ahí ni en qué momento perdiste la cartera. No somos adultos, no sabemos serlo, y es que en realidad no queremos serlo.”
Yo también soy de la generación gogos, bollycaos y pokémon (del 91!) y creo que este párrafo en concreto describe mi vida a la perfección. Lo peor de todo es que la mayoría de mis amigos y mi novio tienen un año menos que yo y claro, lo de qué hacer cuando acabes la carrera, cómo salir de casa sin irte a estudiar a otra ciudad y qué hacer con tu vida en general no va con ellos… bastante tienen con su selectividad y sus notas medias
Todo llegará, es cierto… aunque no puedo evitar sentirme un poco inquieta al pensar que no quiero acabar como los adultos que hay a mi alrededor, pero que tampoco quiero asumir las responsabilidades que exige el ser diferente a ellos. Un lío vamos. Siento aburrir con mis pajas mentales pero eres la primera persona que “conozco” que admite que está muerta de miedo ante el futuro. Y todos los estamos. Un beso
Jose_ habló el 13 Ene 10 a las 0:25Voy a soltar otro comentario de abuelo cebolleta, pero a lo mejor te puede ser de utilidad:
A pesar de que suena triste, es totalmente cierto que el tiempo pasa volando. Parece que ayer estaba en mitad de la carrera con esos 20 años que dices y de pronto tengo 25. Algún amigo ya ha tenido un hijo, otra se va a casar en nada, otro se ha hipotecado,… pero yo sigo igual o menos “atado” a nada que antes.
Pero tiene su lado positivo: total libertad para hacer lo que quiera y algo más de experiencia. Gano poco dinero, pero tengo pocos gastos, así que puedo darme algún capricho. Además, ahora que no debo estudiar hago muchas cosas que antes no podía.
La verdad es que no tiene por qué ser malo. Simplemente es diferente
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perroandaluz habló el 13 Ene 10 a las 0:50Yo cumplo 31 dentro de 6 días y te digo que no se madura apenas, se es parecido pero con más responsabilidad y más dinero. Digamos que todo es más guay, porque llega un momento que te da la sensación de que tú y gente de tu edad sois los que estais “arriba”, no sé si me explico, te da una sensación de más control.
Hasta que lleguen los hijos y entonces, sí que todo habrá cambiado.
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