Me encuentro en una encrucijada.
Por una parte, creo que todos tenemos problemas. Que la vida no es de color de rosa, ni te lo dan todo regalado. Que, además, nuestro tiempo es muy corto, y que no merece la pena vivir angustiado, triste, pensando que el mundo entero se ha confabulado contra nosotros. Pienso que a veces la vida no es algo bonito, pero que pese a todo lo malo que pueda sucedernos, de algún modo las cosas buenas que nos puedan pasar contrarrestan todo lo demás hasta dejarlo en un segundo plano. Creo que es ridículo pensar que existe la buena y la mala suerte (y que yo tengo más de ésta última), porque, en el fondo, cada uno -y perdón por el refrán- recoge lo que siembra.
Por otra, sucede que hay veces que encuentro cosas inexplicables. Que uno no recibe lo que debería -tanto para bien como para mal- y que, por desgraciado que suene, pasan cosas malas sencillamente porque sí.
Creo que soy una persona que se toma en serio lo que hace. Aquello en lo que encuentro un interés especial despierta en mí un sentimiento de proactividad, lo cual me lleva a sentirme satisfecha y orgullosa de mí misma muchas veces. Sin embargo, todo lo coherente, lógica, consecuente, racional, trabajadora y proactiva que soy en este ámbito difiere totalmente de cómo soy en el ámbito personal.
Últimamente me da por pensar mucho. Han pasado varias cosas en estos días que me han dejado muy mal sabor de boca; curiosamente, todas tienen que ver justo con lo que peor se me da: tratar con la gente. Gente con la que inintencionadamente me porto mal, gente que me hace sentir mal, gente que me trae disgustos, con la que discuto, gente con la que (lo sé) soy grosera (y luego me arrepiento pero ya no sirve de nada).
Pero, por mucho que no me guste hacerle caso a mi parte pesimista, al final voy a terminar por cambiar mi forma de pensar y concebir el mundo. Tenderé a refutar a Susan Vaughan, que decía que el optimismo está al alcance de todos, que se trata de un proceso y no de un estado, y que estamos “programados” biológicamente para ser optimistas. Sin embargo le doy totalmente la razón cuando afirma que la base del optimismo son las ilusiones. Pues puede que tal vez sea ése mi problema.
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- « 22 de enero
- » Helada
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